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domingo, 25 de junio de 2017

Cuaderno de bitácora de Ernesto Medina y su job-shadowing en #Lytchett Minster School

            En esta entrada, y tras un periodo de reflexión, Ernesto nos cuenta algunas de las experiencias que vivió durante su visita 'job-shadowing' de este año en LMS. En él, se plantea un debate peliagudo. Léanlo y debatamos, que de eso se trata. 
Ernesto Medina en #LMS octubre 2017 foto de María José Catena

Estancia de Ernesto Medina Rincón en Lytchett Minster School

            Manuel Molina, el coordinador del Erasmus+, había preparado concienzudamente el plan de trabajo para la visita que íbamos a iniciar el lunes Mª José y yo en Lytchett Minster School. Teníamos organizada una semana completa de trabajo en la que se alternaban entrevistas con el Equipo Directivo, reuniones con los profesores de idiomas y educación especial y asistencia a clases. Cinco días por delante para entender cómo funcionaba el sistema educativo inglés y qué aspectos, sobre todo en lo referente a la organización y dirección del Centro, que era lo que a mí más me importaba, eran susceptibles de incorporar a nuestro estilo de dirección considerando las características y peculiaridades de una y otra enseñanza.
            El domingo por la tarde nos acercamos dando un paseo a la puerta del Instituto. Entre los castaños se intuía el edificio principal y las extensiones de campos anexos al Colegio. La verja de acceso estaba cerrada. En uno de los laterales colgaba un cartel. Bastó la lectura de aquel anuncio para darme cuenta de que había aterrizado en otro mundo educativo: “Se alquilan las instalaciones para bodas y celebraciones”. Un centro público inglés podía rentabilizar sus recursos sin mayores trabas administrativas, mientras que en Andalucía la cesión de cualquier dependencia es compleja y a partir del curso próximo inviable.
            El lunes nos recibió el Director. Manuel había insistido en que debía ir con chaqueta y corbata. No era un capricho suyo. Todos los profesores varones vestían riguroso traje. Con las profesoras había mayor tolerancia. Sería interesante abrir un debate sobre si esta discriminación no es sexista. En la España posmoderna de lo políticamente correcto la discusión hubiera sido inacabable y bizantina. Sin embargo, creo que interpreté correctamente la intención de este atuendo obligatorio. Se establece una distancia de respeto y jerarquía entre alumnos y profesores, que por otra parte considero imprescindible para el trabajo docente.

Biblioteca #LMS foto @mmolpor
            El recibimiento del Director, Andrew Mead, fue muy cordial. Se puso a nuestra completa disposición y nos animó a recorrer el Colegio sin cortapisas presto a resolver cualquier duda que pudiéramos plantearle. Ese mismo día nos presentó al resto del Claustro, aprovechando que tenían sesión ordinaria, calificándonos de “lovely people”. Se permitió la broma de que si nos veían despistados o perdidos nos prestaran socorro. Dicha sesión de Claustro fue para mí sorprendente. El Director casi no intervino. Tomaron la palabra los “vicedirectores” y “jefes de estudios” para corregir algunos aspectos de funcionamiento y mostrar herramientas de trabajo pedagógico. Las intervenciones de los profesores fueron mínimas: pequeñas aclaraciones. Lo cual me dejo claro que había un plan de trabajo diseñado por un responsable, el Director, al que se amoldaban el resto de docentes. Dicho de otra manera se trabajaba con el organigrama de una empresa que debía alcanzar unos objetivos para producir unos beneficios. Me parece el camino adecuado. En España seguimos discutiendo el modelo de dirección alcanzando el único acuerdo de no definirlo nunca. Mientras que en Inglaterra el Director es sometido a un proceso de selección muy riguroso y evaluado constantemente, pero a cambio tiene la capacidad de decisión que nos falta en España. Uno de los días se produjo entre Andrew, Mª José y yo una conversación que pone bien a las claras las distancias existentes. Mr. Mead nos ofreció la posibilidad de acompañarlo en una visita a las aulas, actividad que realizaba diariamente. Entró en una clase de lengua. No llamó a la puerta, sin que pueda achacarse este extremo a la manifestación de autoridad sino más bien al ánimo de no interrumpir. Ni alumnos ni profesora se inmutaron. Para ellos era también algo habitual. Comprobó el trabajo con el que estaban algunos alumnos, especialmente el de los más retrasados, que tenían una segunda profesora de apoyo. (To be continued).
Ernesto Medina.


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